La
Arquitectura de la Producción Orgánica[1]
John E. Ikerd[1]
La arquitectura de
la producción orgánica no tiene una sola definición o descripción. Hoy, dos
grupos de arquitectos están compitiendo para diseñar el sistema alimentario
orgánico del futuro. Mientras que el reto establecido por esta conferencia es buscar “unidad a través
de la diversidad”, el reto más crítico que confronta la humanidad hoy es
encontrar “la sostenibilidad”. ¿Como podemos nosotros llenar las necesidades
del presente mientras dejamos igual o mejores oportunidades para el
futuro? Consecuentemente, “unidad y
diversidad” deben ser vistos como medios para lograr “la sostenibilidad” y no
como un fin en si mismos. Nosotros no podemos darnos el lujo de sacrificar los
principios de la sostenibilidad en nuestra búsqueda por la unidad.
Los principios que sostienen la producción orgánica
hoy, están siendo retados por aquellos que ven la arquitectura biológica y
cultural actual de lo orgánico como restricciones innecesarias para las
ganancias y crecimiento a futuro de la
industria orgánica. Una arquitectura
sostenible para la producción orgánica, consecuentemente, demanda que las ganancias
y el crecimiento futuro de lo orgánico sean logrados por medios que están en
armonía con los principios biológicos y culturales, los cuales aseguren
integridad ecológica y responsabilidad social.
Un sistema que carece de integridad económica, ecológica y social no es
sostenible. La unidad lograda mediante el compromiso en lugar de la
complementariedad, simplemente, no es sostenible.
Los sistemas actuales de producción y mercadeo
orgánicos fueron diseñados para respaldar una filosofía de vida- en lugar de
proveer medios de alcanzar prosperidad. Los métodos de producción orgánicos
están basados en principios de producción de la naturaleza– producción en
armonía con la naturaleza en lugar de tratar de dominarla. Los diversos sistemas de producción
orgánicos, la mayoría de los cuales integran empresas de cultivos y ganadería,
están diseñados para capturar la energía solar, para reciclar los desechos, y
para regenerar la salud y fertilidad del suelo. Los agricultores orgánicos se
ven a si mismos como protectores de la naturaleza. Los agricultores orgánicos
también creen en vivir en armonía con la gente - cooperando con otros
agricultores en lugar de competir. Ellos ven sus clientes como gente, con los
cuales ellos pueden mantener positivas relaciones personales, no como mercados
para ser explotados por ganancias. Ellos ven “la calidad de vida” como algo mas
que “un estándar de vida”. Alimentos
saludables, un ambiente saludable, buenas comunidades, y una sociedad fuerte
son vistos como los productos naturales de una filosofía orgánica.
Durante los inicios de los años 1900, todos los
alimentos fueron producidos esencialmente sin fertilizantes comerciales y
pesticidas, simplemente porque estos no estaban disponibles. Durante este
tiempo, el uso de métodos orgánicos no era un asunto de filosofía, era un
asunto de necesidad. Sin embargo, algunos agricultores continuaron produciendo
por medios orgánicos durante el siglo XX. Ellos resistieron, incluso desafiaron
la tendencia dominante hacia la dependencia de fertilizantes inorgánicos y
pesticidas, los cuales emergieron de las tecnologías químicas de la segunda guerra mundial. Aquellos que
produjeron orgánicamente por selección, y no por necesidad, se convirtieron en
los líderes del movimiento moderno de la producción orgánica.
El movimiento orgánico moderno se desarrollo fuera de
la corriente principal agrícola y mantuvo un sistema alimentario esencialmente
separado hasta el final de los años 80. Lo orgánico fue de poco interés o
atención para las grandes organizaciones corporativas hasta la rápida expansión
en los mercados orgánicos durante los años 90, cuando 20-25 porciento de
crecimiento anual fueron típicos para los mercados orgánicos. Bajo estos
índices, el mercado orgánico se duplicaba en tamaño cada tres años.
Las corporaciones de la industria alimentaría están
bajo presión por mantener el ritmo con los otros sectores por retornos de
inversión y crecimiento. Por ejemplo, ellos deben competir con los productos
farmacéuticos, la tecnología de computación, Internet, y otras firmas de alta
tecnología por inversionistas en el mercado accionario. Desde que el total de
consumo alimentario ha venido creciendo a índices más lentos que los índices de
crecimiento en la economía no alimenticia, las empresas alimentarías han estado
desesperados por encontrar motores alternativos para su crecimiento
económico. Su estrategia primaria ha
sido crecer mediante fusiones y adquisición de otras firmas, pero ellos también
han estado prestos a crecer usando las oportunidades que presenta cualquier
segmento de crecimiento rápido en el mercado alimentario – tal como el
orgánico. Ellos se han dado cuenta también que la continua expansión de los
mercados orgánicos, eventualmente va a reducir las ganancias del mercado no
orgánico. Así, los intereses económicos por el control corporativo de la
producción y mercadeo de alimentos orgánicos
son grandes.
Antes de 1990 la mayoría de las ventas orgánicas en
los Estados Unidos eran transacciones directas entre agricultores y
consumidores – mediante mercados locales de agricultores, grupos de agricultura
respaldada por la comunidad (CSA), ventas directas en finca, o locales a orilla
de carretera. Pocas tiendas minoristas de productos orgánicos existían en ese
tiempo y ellas por lo general eran pequeñas cooperativas de consumidores que
compraban directo de agricultores locales o mercadeaban productos locales en
consignación. El sistema orgánico alimentario, de los productores al
consumidor, estaba esencialmente separado del sistema convencional de
producción y mercadeo masivo de
alimentos.
Durante la época pasada, sin embargo, el sistema
orgánico de alimentos ha cambiado dramáticamente. Alrededor de 1997, más del 60 porciento del
total de las ventas de alimentos orgánicos en los Estados Unidos eran realizadas
por minoristas de especialidades tales como Whole Foods y Wild Oats (Gilmore,
1998). La venta de orgánicos a través
de los mercados convencionales creció más del 40 porciento por año durante el
periodo 1993-1997 – duplicando su participación en la totalidad del mercado
orgánico de alimentos y bebidas en este proceso. Estas mismas tendencias
básicas han continuado en el nuevo siglo, y hay poca duda que los minoristas de
especialidades y los supermercados ahora dominan las ventas totales de
alimentos orgánicos en los Estados Unidos.
En la medida que las grandes corporaciones de
alimentos se unieron al movimiento orgánico, ellas trajeron su propia visión
para la futura arquitectura de la producción orgánica con ellas. Muchos de estos
nuevos ingresados, y otros posibles ingresantes, son “jugadores poderosos” en
la agricultura y la producción de alimentos, tanto local como globalmente.
Ellos incluyen firmas como Kroger, Albertson, y Wal-Mart del mundo de venta
minorista de alimentos. Ellos incluyen ADM, Cargill, y Con-Agra de la
manufactura y procesamiento de alimentos.
Y, ellos incluyen Monsanto, Norvatis, y Du Pont, como posibles proveedores de genética
modificada para el futuro de la agricultura orgánica. Estas firmas amenazan,
posiblemente a propósito o posiblemente sin saberlo, en transformar el sector
orgánico de alimentos en simplemente otro de los sistemas de alimentos
industriales.
Muchos sinceramente creen que la única ruta hacia las
ganancias y crecimiento futuro de lo orgánico, es reducir costos y aumentar el
acceso al mercado. Para alcanzar estas metas, ellos están usando las mismas
estrategias de negocios que han usado para transformar la producción de
alimentos en general, de la finca familiar al procesador local, al sistema de
tiendas de papá-mama y luego hacia una agricultura industrial, de distribución
masiva, al sistema de supermercados. Ellos se mueven hacia una mayor
especialización, estandarización, y centralización del control de la producción
y distribución de los alimentos orgánicos. Esta filosofía corporativa de
producción de alimentos esta poniendo aún a los mas apasionados y filosóficos
agricultores orgánicos bajo creciente presión de acomodarse a la arquitectura
orgánica industrial.
La presiones de hacer lo orgánico acomodarse al
sistema de distribución masiva esta presionando a los productores a
industrializarse. La demanda por grandes cantidades de productos específicos
para suplir a gran número de ventas minoristas, está forzando a los
agricultores a especializarse. Las demandas por consistencia y uniformidad esta
forzando a los agricultores a estandarizar. Y las demandas por cumplimiento y
entregas a tiempo están forzando los productores a centralizar el control de la
producción y los procesos de distribución. Tales operaciones pueden reducir los
costos – pero solo si ellas son operadas en gran escala. Así, sistemas de producción orgánicos de
gran escala y especializados, están surgiendo en los Estados Unidos para
acomodarse a la arquitectura de los sistemas industriales de gran escala de
alimentos en general.
Sin embargo, la mayoría de las fincas orgánicas se
mantienen relativamente de pequeña escala y diversificadas, aún cuando los
grandes minoristas negocian con productores grandes los cuales pueden asegurar
calidad, grado de consistencia, empaque uniforme, cumplimiento de tiempos de
entrega y precios competitivos. Pocos de
los pequeños productores han querido o han sido capaces de cumplir los
estándares de los grandes minoristas. Así, la mayoría de las compras masivas de
los minoristas son hechas de las operaciones comerciales orgánicas de gran
escala. Información anecdótica indica que los minoristas orgánicos de los
Estados Unidos solamente compran suficientes cantidades de los agricultores
locales para añadir un elemento de credibilidad a sus anuncios de que venden
alimentos producidos localmente.
Los motivos señalados para la industrialización de lo
orgánico son hacer los alimentos orgánicos más accesibles y aceptados por más
consumidores, aumentar la salud, seguridad, y calidad de los alimentos,
expandir los mercados para los agricultores, y proteger el ambiente de los
fertilizantes comerciales y pesticidas. Mientras estos motivos podrían parecer
lógicos, las consecuencias podrían ser muy diferentes que las expectativas
iniciales – para los consumidores, los agricultores, y para el ambiente.
Los principios fundamentales de la arquitectura
industrial son especialización, estandarización y centralización del
control. Adam Smith, el padre de la economía
contemporánea, expuso sobre las ganancias potenciales en la productividad a
través de la especialización – como el llamó esto, la división del
trabajo. La división del trabajo,
simplemente significa que cada trabajador se especializa en realizar una sola
tarea, o un limitado número de tareas en el proceso productivo, en lugar de
intentar realizar el proceso entero. Al realizar pocas tareas, cada trabajador
puede realizar sus tareas específicas mucho más eficientemente. Así, varios
trabajadores especializados, coordinando su trabajo, podrían producir mucho más
que lo que lo harían igual número de trabajadores trabajando
independientemente.
La especialización por si sola no es adecuada para
capturar los beneficios completos de la industrialización. Los sistemas
industriales también requieren de la estandarización, así que cada función en
el proceso de producción puede ser especificada para el propósito de dividir
responsabilidades -- el producto
resultante de cada etapa de producción debe cumplir con los requerimientos de
la siguiente etapa. También, cuando
diferentes organizaciones realizan funciones diferentes, la estandarización es
requerida para que un determinado productor pueda obtener y utilizar los mismos
materiales de un número de suplidores diferentes.
La industrialización también requiere la
centralización del comando y control. La
especialización da como resultado el aumento de la eficiencia, solo si cada
etapa en el proceso de producción estandarizado es coordinada con las otras. La
coordinación se logra mediante la centralización – poca gente diciéndole a más
gente que hacer, cuando, donde, y como hacerlo.
Si cada trabajador especializado realiza su tarea, pero lo hace de forma
independiente, el proceso muy posiblemente no será eficiente.
El comando y control centralizados permiten a cada
tomador de decisiones controlar más recursos – para lograr la economía de
escala. Así, la industrialización es
caracterizada por operaciones de gran escala. Las organizaciones grandes
requieren grandes cantidades de capital, consecuentemente, las grandes
corporaciones de “propiedad publica” se han involucrado para llenar los
requerimientos de capital de las organizaciones industriales. La separación de
las funciones gerenciales y financieras, caracterizadas por la propiedad
corporativa, es otro medio de especializarse dentro de una organización
industrial.
A pesar de las presiones para especializarse,
estandarizarse, y consolidarse en operaciones grandes, la mayoría de las fincas
orgánicas se mantienen diversas, individuales y descentralizadas. Actualmente,
la mayoría de las fincas orgánicas son todavía pequeñas y diversas. Los
agricultores orgánicos son tan variados como los ecosistemas naturales y las
comunidades que los respaldan a ellos. La mayoría venden sus productos
directamente a sus consumidores, respaldándose en su reputación personal, en
lugar de los estándares orgánicos, para asegurar la integridad del producto.
Ellos todavía están ganándose la vida a través de los descentralizados nichos de
mercado locales, en lugar de los mercados industriales masivos.
Una encuesta realizada en 1998, conducida por la
Fundación de Producción e Investigación Orgánica, indica que cerca del 90
porciento de las fincas orgánicas en los Estados Unidos son fincas operadas por
una familia o sociedad familiar. Mas del 60 porciento son operaciones de tiempo
complete, pero el tamaño promedio de las fincas orgánicas es de solamente 140
acres – solamente un tercio son tan grandes como el promedio de las fincas en
EEUU. Solamente uno de cada siete
agricultores reportan ventas totales anuales superiores a los $100,000. Así, la agricultura orgánica en los Estados
Unidos, al menos en términos del número de fincas, es dominada aun por pequeñas
fincas familiares. En términos de ventas anuales, las fincas orgánicas no son
muy diferentes del promedio de todas las fincas en los EE.UU. – lo cual incluye
una gran porción de pequeñas fincas. Sin embargo, la proporción de agricultores
orgánicos a tiempo complete es mucho mayor que la proporción de agricultores
convencionales a tiempo completo.
En el futuro, sin embargo, las fincas familiares
pequeñas y diversificadas no serán capaces de competir en la completa
industrializada agricultura – tampoco en la producción orgánica no convencional.
El número de fincas en los Estados Unidos se ha reducido dramáticamente en las
últimas décadas y es admitido a nivel general que quedaran pocos productores
independientes produciendo productos agrícolas básicos (commodities) en los
Estados Unidos en los próximos 10-20 años. El control corporativo de los
sectores de insumos y mercados forzara a los agricultores a convertirse en
productores por contrato, en sistemas verticales integrados que controlan todos
los aspectos del sistema, desde la genética hasta la venta minorista. Hasta hace poco, la agricultura orgánica
parecía ser de las mejores alternativas entre los agricultores para evitar
entregarse al control corporativo o quedarse fuera de la agricultura. Ahora parece que la producción orgánica podría
llegar a ser industrializada casi tan rápido como la agricultura convencional.
Pero, los agricultores orgánicos no tienen que
convertirse en parte del sistema industrializado de alimentos. Los agricultores
orgánicos pueden unirse con otros pequeños agricultores y desarrollar un
sistema alternativo de alimentos que puede coexistir y algún día desplazar el
sistema de alimentos industrial-global controlado por las corporaciones. Los agricultores independientes perfectamente
pueden perder la batalla de evitar que los agronegocios industriales dominen la
producción y distribución masiva de alimentos orgánicos. Pero, los pequeños
agricultores orgánicos todavía pueden competir efectivamente por los nichos de
mercado en rápido crecimiento y rentables – ambos, locales e
internacionales. Aun más importante, la
agricultura orgánica de pequeña escala puede ser realizada por medios que son
ecológica y socialmente sostenibles en el largo plazo, mientras que la
producción orgánica industrial no lo puede.
El movimiento de agricultura sostenible ofrece la
mejor esperanza para el éxito futuro de los productores orgánicos
independientes de pequeña escala. El
movimiento de agricultura sostenible refleja una filosofía de vida que es muy
compatible con la filosofía orgánica actual. De hecho, uno podría lógicamente
afirmar que todos los sistemas sostenibles de agricultura finalmente deben ser
sistemas orgánicos – aun cuando todos los sistemas “orgánicos” no son
ciertamente sostenibles. Sin embargo, la filosofía industrial es
fundamentalmente incompatible con el concepto de sostenibilidad agrícola.
La arquitectura de la sotenibilidad esta actualmente
compitiendo con la arquitectura de la industrialización por el futuro de la
agricultura orgánica, así como también por el futuro de la agricultura en
general. En esencia, una agricultura sostenible es aquella capaz de llenar las
necesidades del presente, mientras deja igual o mejores oportunidades para el
futuro. Consecuentemente, todos los sistemas sostenibles deben ser ecológicamente
sanos, económicamente viables y socialmente responsables. Estos principios
definen la arquitectura de la sostenibilidad.
Un sistema carente de cualquiera de estos tres,
simplemente no es sostenible. No es necesario probar esta proposición, es simplemente
un asunto de sentido común. Cualquier
sistema que explota o degrada la
productividad de su recurso natural base, no puede sostener la producción, y
consecuentemente no es sostenible.
Cualquier sistema que fracasa en proveer un adecuado retorno económico a
los productores, eventualmente llegará a ser financieramente insolvente, y
consecuentemente no es sostenible. Y, cualquier sistema que fracasa en llenar
las necesidades de la sociedad, ya sea como consumidores o productores, no será
sostenido por la sociedad, consecuentemente no es sostenible. Las dimensiones
económicas, ecológicas, y sociales de la sostenibilidad son como el largo,
ancho y alto de una caja. Un sistema agrícola carente de una de estas tres
dimensiones no es sostenible, así como una “caja” carente de una de sus tres
dimensiones no es una “caja”.
Los métodos de producción orgánica tocan más
directamente la dimensión ecológica de la sostenibilidad. Los verdaderos sistemas orgánicos son
intrínsicamente sistemas de producción ecológicamente sanos – ellos dependen de
la capacidad regenerativa de la naturaleza. El principal reto de la producción
orgánica es la viabilidad económica. El reto económico puede ser alcanzado
mediante un eficiente manejo de los recursos naturales para minimizar costos, y
mediante un efectivo mercadeo hacia los clientes que están preocupados por la
seguridad y nutrición de sus alimentos y los que más valoran la producción
ecológica y socialmente responsable. Tales consumidores entienden que en el
largo plazo la humanidad debe pagar la totalidad de los costos ecológicos y
sociales de los alimentos, y no solamente los costos económicos del corto
plazo.
La dimensión final de la sostenibilidad, la
responsabilidad social, incluye justicia social y equidad social. Esta es la
dimensión de mayor ventaja para los productores orgánicos filosóficos. Las fincas orgánicas de pequeña escala son de
manejo intensivo – ellas requieren mas pensamiento, y gente que las cuide por
acre y dólar invertido. Ellas requieren gente que entienda como trabajar en los
sistemas vivos y dinámicos, en vez de simplemente seguir las “recetas” de
producción de alguien. Así, ellas proveen oportunidades para que más gente
pueda ganarse una mejor vida en la agricultura, mientras proveen a los consumidores
de un adecuado abastecimiento de alimentos más seguros y saludables. De esta
forma ellas proporcionan el fundamento para la reconexión de los agricultores y
consumidores en una sociedad constituida por comunidades rurales saludables y
viables.
La arquitectura de la sostenibilidad es definida en
términos de los principios económicos, ecológicos y sociales en vez de hacerlo
por métodos o prácticas específicas de producción. Los métodos de producción
sostenible son individuales, de sitios específicos y dinámicos. La sostenibilidad para un determinado
agricultor, en una finca determinada, y en un tiempo determinado, puede ser
diferente de la de otro agricultor, en otra finca y en un tiempo diferente.
Así, la sostenibilidad no puede ser estandarizada. Los sistemas de agricultura
orgánica son intrínsicamente diversos porque la naturaleza es diversa y la
agricultura sostenible debe ser llevada a cabo en armonía con la
naturaleza. Así, la producción
sostenible no puede ser especializada. Finalmente, debido a que la
sostenibilidad no puede ser estandarizada o especializada, ella no puede ser
centralizada para su control y consolidación. Así, la agricultura sostenible no
puede ser industrializada.
De esta forma, la agricultura industrial simplemente
no es sostenible, a pesar de que ella podría ser definida como “orgánica”. Los crecientes problemas ecológicos asociados
a la agricultura convencional, son el reflejo directo de un conflicto entre la
diversidad de la naturaleza y la especialización de la agricultura
industrial. Los problemas económicos
crónicos de los agricultores convencionales es un reflejo directo de la
especialización y estandarización de los métodos agrícolas, los cuales demandan
que las fincas lleguen a ser más grandes y por ende menos cantidad, sacando a
otros agricultores del negocio. La defunción de las fincas familiares, la
decadencia de las comunidades rurales, y mucho de la decadencia en la gran
sociedad, esta directamente relacionado a la separación de la gente y la
destrucción de las relaciones que acompaña la industrialización. Una agricultura industrial, simplemente no es
sostenible.
Los agricultores orgánicos sostenibles deben de
rechazar la arquitectura industrial. Ellos deben en su lugar desarrollar un
sistema de alimentos que es compatible con los principios de sostenibilidad.
Este sistema alternativo debe continuar dependiendo del mercadeo directo
mediante los métodos de mercadeo de nichos, o puede evolucionar a una red
flexible, descentralizada de productor-agente-cliente. Sin importar como esta
evolucione, no será un sistema industrial.
Lo orgánico sostenible podría requerir protección
gubernamental, al menos para permitir un verdadero etiquetado de los productos
con respecto a los diversos métodos de producción. Los agricultores sostenibles
también podrían requerir protección ante las tácticas voraces del
establecimiento de precios por parte de los productores industriales de
alimentos. Al menos, los productores orgánicos sostenibles deben demandar la
eliminación de los actuales subsidios gubernamentales a la industrialización de
la agricultura – convencional u
orgánica.
Sin
embargo, los productores sostenibles de pequeña escala pueden sobrevivir, con o
sin ayuda gubernamental, y eventualmente puede desplazar la agricultura industrial
– de hecho, deben desplazar la agricultura industrial, si la sociedad humana
civilizada va a sobrevivir en la tierra.
Pero, los productores sostenibles deben poner más de si mismos en sus
operaciones si ellos esperan sobrevivir, prosperar, y finalmente tener éxito en
reemplazar una industrializada economía agrícola. La agricultura sostenible podría requerir más
mano de obra, pero hay un límite en que tan fuerte cualquiera puede trabajar –
al menos manteniendo una deseable calidad de vida. Consecuentemente, la llave
para la agricultura sostenible orgánica será administrar más “intensamente” –
aplicar más imaginación, innovación, creatividad, y pensamiento por acre
cultivado o dólar invertido.
Los
agricultores sostenibles deben juntar sus talentos y habilidades únicas con su
tierra, sus comunidades, y sus mercados. Esto requiere un mayor entendimiento
de si mismos, sus capacidades, sus valores y su propósito en la vida. Esto requiere un mayor nivel de entendimiento
de los gustos y preferencias de los consumidores y de la excepcionalidad de la
relación en los mercados. Esto requiere un mayor nivel de entendimiento de la
tierra y de sus capacidades productivas naturales. La agricultura sostenible es
una agricultura pensante. Ella requiere la habilidad de traducir la observación
en información, la información en conocimiento, conocimiento en entendimiento,
y entendimiento en sabiduría. La agricultura sostenible no es fácil, pero el
premio es una más amplia y superior calidad de vida.
Los
agricultores orgánicos de hoy deben escoger entre las dos arquitecturas
alternativas que están compitiendo por el futuro de lo orgánico. Para escoger sabiamente, ellos deben darse
cuenta que la producción orgánica industrial no es mas sostenible que la
producción química convencional que ellos buscan desplazar. A lo mejor la unidad puede ser hallada entre
las diversas opiniones que compiten por el futuro de lo orgánico. A lo mejor un sistema podría ser divisado
mediante el cual lo orgánico industrial inicialmente desplace los alimentos
convencionales en el sistema industrial de alimentos, mientras permite a lo
orgánico sostenible continuar evolucionando para atender el creciente segmento local de nichos de los
mercados alimentarios. Pero eventualmente, el mercadeo por nichos debe llegar a
ser la forma dominante de mercadeo, si la agricultura va a llegar a ser
sostenible globalmente. Nosotros debemos
crear una agricultura que se ajuste a la diversidad de la naturaleza y la humanidad,
en ves de doblar y retorcer la naturaleza y la humanidad para que se ajuste a
la arquitectura industrial. Pero primero, nosotros debemos de movernos mas allá
de pensar sobre lo orgánico como un medio de producción de alimentos, para ver
lo orgánico como una filosofía para sostener la vida humana sobre la tierra y
una filosofía por calidad de vida.
REFERENCES
GILMORE,
JOHN.
ORGANIC
FARMING RESEARCH FOUNDATION, Third
Biennial National Organic Farmer’s Survey,
[1] Presented at the Inaugural National Organics Conference 2001, “The Organic Challenge -- Unity Through Diversity,” 27-28 August, Sidney, Australia.
[1]